AVATAR
La trama de la película relata la historia de un ex infante de marina, Jake Sully, quien está confinado a una silla de ruedas, pero decide enrolarse para viajar años luz a un enclave humano en el planeta Pandora. Allí las empresas extraen un mineral que permite solucionar la crisis energética de la Tierra. Como la atmósfera de Pandora es tóxica, los humanos deben conectarse a un cuerpo biológico (avatar) que es controlado remotamente y puede sobrevivir en el planeta. Sully deberá infiltrarse entre los nativos de Pandora, los Na’vi, pues se han convertido en un obstáculo para obtener el codiciado mineral, pero con el tiempo aprenderá a ser uno de ellos.
Si relacionamos la trama de la película con un tema determinado. Ésta encaja con el problema que aqueja hace varios años a las comunidades indígenas en Latinoamérica, quienes están en constante defensa de su ecosistema debido al plan de desarrollo implantado por el Estado producto de la globalización.
Es importante señalar la relación de la trama de Avatar con la realidad, ya que no sólo consiste en ver la película. Ésta producción audiovisual, nos motiva a realizar trabajos audiovisuales que permitan enviar un mensaje de conciencia con el fin de mejorar nuestra sociedad.
El éxito de Avatar se debe, en gran parte, a que se trata de una fantasía deliciosa destinada a conectar a un nivel muy profundo con los sueños y las ilusiones de todos los espectadores; dicho en otros términos más propios de la terminología analítica de la ciencia ficción, a que el espectador encuentra en ella una “fantasía compensatoria” capaz de satisfacer anhelos no siempre fáciles de identificar y reconocer. La fauna y flora hiperrealista, de belleza y salvajismo irrestrictos, los colores ácidos y fluorescentes, los paisajes imposibles las transiciones apenas perceptibles entre la vida y el sueño, pues las vidas como avatares Na’vi de varios personajes no son otra cosa que una especie de sueño, sostienen y fundamentan la interpretación que acabo de hacer.
También se ha escrito mucho sobre la crítica de Avatar al militarismo y a ese particular enfoque de la acción política consistente en afrontar los conflictos económicos y culturales por la vía de la fuerza. Como suele ocurrir cuando se trata de una producción estadounidense, no han faltado las interpretaciones tendentes a relacionar la actitud de los mineros y mercenarios terrestres asentados sobre Pandora con las intervenciones norteamericanas en Afganistán, Irak y otros escenarios semejantes. Pues bien, es obvio que la película de James Cameron no es precisamente complaciente con las actitudes imperialistas, pero tampoco convendría ir mucho más allá, pues la fascinación de la película y de hecho de todo el cine de James Cameron, como puede observarse en títulos como los dos primeros Terminators , con la tecnología y los artefactos de uso militar proporciona a esos propósitos presuntamente críticos un significado cuando menos ambiguo.
En Pandora y la tribu de los Na’vi podemos vernos perfectamente reflejados, junto al preconcepto erróneo que cargamos desde hace siglos sobre nuestros ancestros, los cuales son posesores, por así decirlo, de una conciencia global y ecológica que apunta al bien común desde una profundidad de la que –habitualmente- carecemos en occidente.
El concepto de pureza y de una total conciencia de quienes somos, el respeto por la naturaleza y todos sus procesos, la comprensión de que somos una unidad con todo lo viviente y la experiencia de ser Uno debería, al menos, llevarnos a la reflexión de cómo nos relacionamos y de cómo nos estamos manejando desde hace milenios, con todo aquello que nos rodea.
La película demuestra que lo que quería logar el director era llevar esa imaginación a la realidad nacida de su creatividad y por consecuente tuvo que esperar mucho tiempo para llevar a cabo esta película ya que en su momento de crearla no existían todavía las herramientas tecnológicas para los efectos deseados que se requerían.
El mensaje principal de esta gran película, es que los humanos hemos perdido toda conexión con la naturaleza, todos los animales y seres vivos viven en armonía con esta menos nosotros que solo buscamos su explotación para enriquecernos. Si nos dicen que tenemos que tenemos que talar el Amazonas por dinero lo hacemos, si tenemos que acabar con especies por dinero también lo hacemos.(por suerte no todos los humanos claro) Y esa es la gran diferencia entre la población de Pandora y nosotros, que ellos viven en conexión con la naturaleza y a diferencia de los animales, tienen razón y pueden decidir y deciden cuidarla y vivir con ella, porque al fin y al cabo, sin la naturaleza no podemos vivir y como sigamos así algún día se acabará y nosotros con ella.
Hay que saber valorar la naturaleza por sobre la arrogancia humana de seguir explotando sus riquezas. Debemos evitar erradicarla por la codicia de unos cuantos.
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